Publicado: 8 de Noviembre de 2016

Las vacaciones son en principio una buena oportunidad para disfrutar con la pareja del tiempo libre que suele escasear el resto del año. Las que están en crisis, además, suelen verlas como una oportunidad para arreglar los problemas. Pero no siempre se cumplen las expectativas. De hecho, es al final del verano cuando muchas parejas deciden poner fin a su relación. Una tendencia que corrobora un nuevo estudio presentado en el congreso anual que la Asociación Americana de Sociólogos celebrado en Seattle (EEUU) hasta el 23 de agosto. Según esta investigación, basada en datos del estado de Washington, la mayor parte de las solicitudes de divorcio se presentan en marzo y en agosto, coincidiendo con el fin de las vacaciones de verano. "Afrontan las vacaciones con grandes expectativas, a pesar de las decepciones que han tenido en años anteriores", dice Julie Brines, profesora de sociología en la Universidad de Washington y autora principal del estudio. El periodo vacacional, argumentan los autores, puede incrementar la carga emocional y el estrés en las parejas que ya arrastraban una crisis previa, lo que desencadena que salgan a la luz las fisuras ocultas de un matrimonio.